El sueño es una necesidad biológica que permite restablecer las funciones físicas y psicológicas elementales para un óptimo rendimiento.

El número de horas que necesitamos para dormir depende de las características particulares de cada individuo. La evaluación del número de horas de sueño necesarias debe hacerse de manera individual. Pero independientemente de los factores idiosincráticos, lo cierto es que cuando una persona deja de dormir, el cuerpo rápidamente empieza a notar los efectos de esta falta de descanso.

Los efectos negativos de la falta de sueño han sido conocidos y utilizados a lo largo de la historia como técnica para interrogar e incluso como método de tortura. Como técnica de interrogación, la persona podía mantenerse despierta por varios días y cuando finalmente se le permitía conciliar el sueño, era repentinamente despertada e interrogada. La privación del sueño en humanos como método para torturar, ya se documentó en el siglo siglo XV en la época de la inquisición. En la llamada ‘tortura blanca’, el sujeto es obligado a permanecer en posición vertical o en alguna postura antinatural y cuando intenta dormir es acosado con fuertes sonidos y luces brillantes.

Dormimos para poder estar despiertos al día siguiente y poder en definitiva, vivir. No descansar bien o no dormir lo suficiente, puede acarrear problemas físicos y psíquicos importantes, afectando, de manera directa tanto a la vida personal como laboral de las personas. A medida que aumenta la supresión de sueño, se produce una notable decadencia en el funcionamiento diurno. Disminuyen los reflejos produciendo un incremento del tiempo necesario para reaccionar a un estímulo, lo que puede alimentar el riesgo de accidentes de tráfico, domésticos y laborales. Se reduce el rendimiento intelectual, la concentración, la memoria, la capacidad de abstracción, el razonamiento lógico y acrecenta la probabilidad de desarrollar alteraciones en el estado de ánimo aumentando los niveles de ansiedad e irritabilidad. La privación crónica de sueño, puede acelerar la aparición de alucinaciones y alteraciones neurológicas.

La sociedad, las obligaciones laborales y las responsabilidades familiares marcan, mayoritariamente, la hora a la que nos acostamos y levantamos y aunque el descanso debe estar a la misma altura que la alimentación, la actividad física y las relaciones personales y sociales, el ritmo de vida que llevamos puede alterar nuestros hábitos de sueño.

Desgraciadamente, para algunas personas, el sueño es el menos valorado de los hábitos de salud, ya que consideran que pasar un tercio de nuestra vida durmiendo es desperdiciar el tiempo. Parece que el sueño, representando una función vital por ser imprescindible para nuestro organismo (el ser humano no puede vivir sin dormir), no está categorizado como tal, y en ocasiones el poco sueño se convierte en una actitud.

Lo peor de todo es que siendo conscientes de la importancia del sueño, el ritmo de vida que llevamos y las preocupaciones diarias provocan que muchas personas acaben padeciendo trastornos del sueño o que las horas interminables de trabajo junto a las exigencias profesionales y responsabilidades familiares y sociales, conviertan una necesidad en un autentico artículo de lujo.

En numerosas ocasiones el trabajo y los problemas se meten en la cama con nosotros impidiéndonos descansar. Estrés que provoca insomnio e insomnio que provoca estrés. Querer dormir y no poderlo hacer, es una tortura que se convierte en un círculo vicioso.

Otro gran problema es el consumo de fármacos para dormir sin prescripción médica. La mayoría de los consumidores los toma de manera poco adecuada, no los necesita, los ingiere durante mucho tiempo o los combina con otros medicamentos, acarreando diferentes problemas para la salud.

Convencerse de la importancia de dormir bien, es el primer paso para el cambio, desde nuestra cama, poco podemos hacer para solucionar los problemas, descansar bien, si. Descartemos la idea de que dormir es una pérdida de tiempo, y no utilicemos un mal hábito como una virtud o actitud positiva relacionada con éxito personal o laboral. Frases populares como “dormir está sobrevalorado” o “ya dormiré cuando esté muerto”, justifican la relación entre dormir poco y rendir mucho.

Tener hábitos de sueño saludables y consultar con especialistas de la salud para tratar los problemas relacionados con la falta de sueño, son las recomendaciones básicas, ya que si los problemas de sueño son secundarios a una causa identificable, el tratamiento adecuado puede mejorar nuestra calidad de vida.

Dormir no es arte pequeño: se necesita, para ello, estar desvelado el día entero.” FRIEDRICH WILHELM NIETZSCHE.

Autora: Belén Díaz Afonso – Psicóloga

Para cualquier duda, consulta o si desea ampliar información puede ponerse en contacto el servicio de Psicología de Centro Neurológico Antonio Alayón (Santa Cruz de Tenerife – Tenerife).

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