Violencia de género: Es incuestionable que en los últimos tiempos se ha producido un cierto proceso de toma de conciencia social sobre la trascendencia de la violencia de género contra las mujeres. Se ha iniciado un proceso de denuncia, debate y toma de conciencia social, pero ¿qué hace que la violencia machista se mantenga en la sociedad del siglo XXI? Lacra que continúa a pesar de las acciones que se llevan poniendo en práctica desde distintas instituciones y organizaciones.

La transgresión de los derechos humanos afecta tanto a hombres como a mujeres, pero las hondas raíces sociales y culturales que mantienen la desigualdad en las relaciones de poder y de control permiten categorizar a la violencia contra la mujer como una violencia de género.

Matrimonios forzosos, violaciones, acoso sexual, amenazas…, todo bajo una cimentación cultural interesada y dirigida en mantener una posición de poder, de autoridad y de influencia. El machismo persevera a pesar de las campañas de sensibilización. Todavía hay muchos hombres que no parecen dispuestos a aceptar la nueva realidad y aunque se ha avanzado y ya podemos estudiar y/o trabajar, determinadas señales de independencia, se convierten en detonantes que disparan los mecanismos de control y sometimiento.

La violencia de género tiene muchas caras. La desigualdad se da en el ámbito de la familia, en el trabajo, la economía o sexualidad. Una mujer es más vulnerable a todo tipo de ataques por parte de desconocidos en la calle. También hay discriminación de tipo laboral, en muchas empresas las mujeres ganan menos que los hombres, aún ocupando el mismo puesto, y son ellas casi siempre quienes tienen a su cuidado los hijos ylos familiares discapacitados o ancianos.

Mientras la mujer sea vista como propiedad y la agresión como un derecho ganado, el hombre se sentirá legitimado para acosar, maltratar, violar y matar.

Entre los muchos ámbitos, la figura del psicólogo forense, va ejerciendo cada vez más una mayor influencia a la hora de orientar y asesorar a los órganos judiciales.

La cultura, las leyes, la lengua, la educación y la religión, han sustentado durante muchas décadas en la mujer una condición de inferioridad. Afortunadamente hemos avanzado muchísimo, pero, ¿las generaciones jóvenes actuales creen en la existencia de una igualdad real? , ¿qué valores predominan hoy en día?

Aunque un alto porcentaje de chicas y chicos jóvenes considera detestable la violencia de género, el problema es que no todas las formas de violencia promueven la misma repulsa ni todos las conductas que constituyen maltrato son identificadas como tales. No se ha avanzado lo que se debería y aunque parezca exista otro envoltorio, la esencia es la misma.

La violencia contra la mujer ha existido desde hace siglos, pero sorprende ver que los jóvenes mantengan estas conductas violentas hacia sus parejas en pleno siglo XXI. Ignorancia, mitos, estereotipos o los ideales de la pareja perfecta, en realidad el problema de siempre, nada nuevo. Quizás esta mayor conciencia sobre esta problemática, así como un mayor nivel de recursos públicos destinados a proteger a las mujeres, haya aumentado las denuncias y la percepción del porcentaje.

En ocasiones escucho como se banaliza un asunto que es un auténtico daño social, en los institutos, desde muy temprana edad, los comportamientos de acoso por parte de los chicos y de sometimiento por parte de las chicas aumenten cada año, escucho canciones modernas cargadas de control y sometimiento. Mientras él mande y ella obedezca continuaremos un camino en retroceso por un túnel degenerado, donde la palabra NO , no impedirá el quebrantamiento de la voluntad de cualquier mujer.

Los profesionales de la psicología que intervenimos en procesos psicoterapéuticos con mujeres víctimas de violencia machista, buscamos la mayor calidad posible en las actuaciones realizando una valoración integral y de los diferentes efectos para un mejor abordaje

terapéutico.

Seguimos partiendo de un marco donde las mujeres están en una posición subordinada, no es fácil suprimir la violencia machista, subvertir un sistema patriarcal, pero tampoco imposible. Para afrontar este gran problema, superar sus consecuencias y avanzar, necesitamos prevención, coordinación, compromiso, educación en valores, respeto para los demás y herramientas y conocimientos necesarios para llevar a cabo este cambio. Mejoremos en las actuaciones a nivel social, en las medidas legislativas, y en los programas educativos.

La violencia machista tiene varias alturas y grados de consentimiento social. Se comienza por los comportamientos más sutiles y se acaba en el horror. Digamos NO a la discriminación, al acoso, a la violencia , a las humillaciones , a la sumisión y NO al silencio aprendido.

Violencia de género – Santa Cruz de Tenerife, 11 de febrero del 2019

Artículo elaborado por Belén Díaz Afonso

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Centro Neurológico Antonio Alayón, Santa Cruz de Tenerife.

Neuropsicología.

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