Las pseudoterapias en general existen y han existido desde el principio de los tiempos, con distintos nombres y formas en todas y cada una de las sociedades humanas.

Las pseudoterapias son definidas por el Ministerio de Sanidad como “Aquella sustancia, producto, actividad o servicio con pretendida finalidad sanitaria que no tenga soporte en el conocimiento científico ni evidencia científica que avale su eficacia y su seguridad.”

Las pseudoterapias son conocidas como «medicina alternativa»

En la historia pre-científica de la humanidad, los seres humanos han intentado encontrar una explicación y cura para cada una de sus dolencias. A lo largo de la historia, la superstición y la religión han sido la guía para la construcción del conocimiento, entre ellos, el conocimiento médico.

La llegada del Método Científico a finales del siglo XIX, cambió radicalmente la forma de estudiar la naturaleza. Desde entonces, disfrutamos de una medicina basada en la evidencia, la observación y la experimentación, sistema que nos permite tener medicamentos y técnicas médicas que ofrecen garantías de seguridad y eficacia.

Sin embargo, a día de hoy, en pleno siglo 21, y en los últimos años más, con la generalización de las Redes Sociales, se ha dado voz a todos y cada uno de los ciudadanos. Han surgido movimientos “alternativos” (o más bien, se han agrupado para que se les oiga más fuerte) que tratan de sacar tajada económica y social de una población de personas que por motivos de salud, incluso de vida o muerte, se encuentran desesperadas.

Esta situación es el caldo de cultivo perfecto para que personas bien intencionadas, pero nulamente formadas (en el mejor de los casos) o estafadores sin escrúpulos (en el peor y más frecuente de los casos) propongan a la persona enferma métodos alternativos de sanación. Llaman a esto “medicinas alternativas” o “complementarias”, sin tener en cuenta algo muy básico, no pueden existir medicinas “alternativas o complementarias”, dado que si sirvieran para algo, a todas se les llamaría “Medicina”.

¿Por qué, existiendo una medicina científica, la gente acude a las pseudoterapias?

Podrían resumirse en los siguientes según la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APETP):

  1. Porque el paciente se encuentra en una situación emocional de debilidad. Por ejemplo, por una enfermedad.
  2. Porque el paciente requiere de una serie de necesidades que no están cubiertas por el Sistema Nacional de Salud.
  3. Porque alguien lo ofrece como eficaz y hace sentir al paciente especial, casi exclusivo (empatía, bienestar).

¿Por qué no se les considera “medicina” sino “falsas terapias?

Las técnicas médicas y farmacológicas deben superar, para ser aprobadas y se permita su aplicación en personas enfermas, una serie de pasos o “fases clínicas”. Deben en primer lugar, ser probadas “in vitro”, es decir, en el laboratorio, luego, pruebas en animales, y luego en personas. En los estudios con personas, primero deben demostrar ser seguros y sin efectos secundarios de importancia, luego ser probados en enfermos, y luego se probados “contra placebo”, es decir, demostrar que su efecto terapéutico no es debido al efecto placebo, (el efecto placebo es aquella mejora que se obtiene por azar, o porque el paciente cree firmemente que lo que está tomando va a funcionar).

Todo este proceso es largo y muy costoso. Superar estas fases suele tardar, como mínimo, 7-10 años

Por el contrario, las pseudoterapias no se ven sometidas a este riguroso proceso. Amparándose en su propio concepto de no ser medicinas, legalmente están exentos de estas normas, de lo cual se aprovechan. No demuestran científicamente su efectividad (no se realizan ensayos clínicos, fundamentalmente porque nunca los superarían).

En la mayoría de las ocasiones, basan sus argumentos en conceptos vagos y difusos, como “sanación”, “energías”, “emoción”, evitando usar palabras como “curación” o “medicamento” que les podría suponer compromiso legal. Del mismo modo, basan con frecuencia sus argumentos en testimonios (“tengo muchos pacientes que le va bien”, “se lo doy a mis propios hijos”), los cuales carecen totalmente de credibilidad por conflicto de intereses, o simplemente porque no existe un rigor en el control de las variables que están afectando.

También con mucha frecuencia, las pseudoterapias apelan a la Falacia de lo Natural: si algo es natural, no puede ser malo (lo cual es un argumento intrínsecamente falso, el cianuro o la toxina botulínica son totalmente naturales, y son mortalmente tóxicos). Otra falacia habitual es argumentar el carácter milenario de determinada terapia (sobra decir cuántas y cuales costumbres milenarias son sumamente dañinas, como el canibalismo o la ablación de clítoris, por hacer una reducción a lo absurdo).

Finalmente, otro recurso común de los pseudoterapeutas es apelar a las teorías conspiranoicas: “las farmacéuticas no nos quieren curar, sino mantenernos como enfermos crónicos”, “las vacunas son un negocio multimillonario” o “los fármacos son una forma de mantener a la humanidad controlada”. Una búsqueda rápida en cualquier buscador, nos dará información detallada del volumen de negocio de muchas pseudoterapias, como la homeopatía, cuyos fabricantes tienen cotizaciones mil millonarias en bolsa, mientras se presentan al paciente prácticamente como ONGs.

¿Cúales son sus riesgos?

Se calcula que sólo en España, en el año 2019 han muerto de manera directa o indirecta, debido a pseudoterpias, entre 1.210 y 1.460 personas. Un argumento habitual de los pseudoterapeutas es alegar que sus tratamientos carecen de efectos secundarios. Esto, con frecuencia, es cierto, entonces oiremos la frase “por probar, ¿qué mal puede hacer?”. Pues lo puede hacer, y de hecho, hace mucho, por dos motivos fundamentales:

  1. Abandono de tratamientos médicos efectivos y seguros, de los cuales, con frecuencia, pueden depender las vidas de las personas, como por ejemplo los tratamientos para el cáncer (quimio y radioterapia).
  2. Retraso y pérdida de un tiempo valioso en detectar y tratar adecuadamente enfermedades que pueden ser potencialmente mortales y con secuelas. Este tiempo precioso se pierde mientras se piden primeras consultas a “terapeutas alternativos” como primera opción.

¿Cómo identificar una pseudoterapia?

Según la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APETP), hay una serie de pistas que nos deben hacer sospechar y desconfiar:

  1. No está incluida en el Sistema Nacional de Salud
  2. Utiliza “argumentos” o recursos habituales como los siguientes:
  • Apunta a la naturalidad del tratamiento
  • Dice que no tiene efectos secundarios
  • Tiene una procedencia “exótica”
  • Se escuda bajo el criterio de “medicina tradicional”
  • Su “fundador” afirma “yo descubrí esta terapia”
  • Utiliza muchos tecnicismos sin sentido -por ejemplo, cuántico-
  • Afirma no usar “químicos”
  • Alguien dice “a mí me funciona”
  • Apela a las emociones -cuerpo y mente-
  • Habla de “energías”
  • “Tú te curas a ti mismo” -la eficacia del tratamiento está en tu psique-
  • Apela a teorías de la conspiración, como que los gobiernos y/o las grandes corporaciones quieren ocultarlo y silenciarlo

En general, ante cualquier problema de salud, debemos siempre acudir a un profesional sanitario COLEGIADO, y que figure en el REGISTRO GENERAL SANITARIO de la provincia en la que resida. Si existen dudas, consultar siempre una segunda opinión a un profesional sanitario de confianza.

Artículo elaborado por David Morales, neuropsicólogo del Centro Neurológico Antonio Alayón.

Referencias:

Neuropsicología.