De todos es sabido que en envejecimiento de la población es un fenómeno generalizado en todo occidente, y de especial incidencia en Europa, y más marcadamente en España. Los datos estadísticos indican que más del 20% de los adultos españoles tienen a una persona dependiente a su cargo, lo que tienen que compaginar con otro tipo de cargas familiares y por supuesto, laborales.

El 90% de los cuidados en familiares dependientes recaen en la mujer

La situación se hace aún más dramática en el caso de la mujer, donde si ya de por sí deben enfrentarse a otro tipo de problemática social (discriminación por cuestiones de sexo en el aspecto salarial, de conciliación de maternidad, acceso al mundo laboral, etc.), la labor de los cuidados de los mayores sigue recayendo mayoritariamente, en las mujeres.

Los datos son claros. Según el Instituto Nacional de Estadística, el 94% de las personas cuidadoras de dependientes son miembros de la familia, de los cuales un 90% son mujeres. Cabe destacar que según los datos, el 38% de las cuidadoras son las hijas de las personas dependientes, y solo un 10% hijos varones. El aproximadamente 50% restante lo realizan otros miembros de la familia, y un valor casi residual, por parte de profesionales de los cuidados a dependientes.

En el caso de España, el perfil de persona cuidadora es claro: Mujer de entre 40 y 60 años, casada e hija del mayor dependiente. También según los datos, este perfil dominante de cuidadora incluye que mayoritariamente, no pide apoyos externos a la hora de realizar sus funciones.

¿A quién pedir ayuda?

Es por este fenómeno que los profesionales de la salud mental en general, y de la dependencia en particular, solemos dar una serie de pautas para las cuidadoras con el fin de evitar situaciones que pongan en peligro su salud física, mental (Síndrome del Cuidador Quemado) e integración social, como son:

  1. Plantearse sin prejuicios si disponemos de los recursos económicos y físicos para cuidar adecuadamente a nuestro familiar.
  2. Solicitud de ayuda a otros miembros de la familia. Cuidar en solitario, en muchas ocasiones, es no cuidar correctamente.
  3. Aceptar que el agotamiento puede hacer mella en los cuidados y por tanto generar situaciones violentas. Por eso es recomendable pedir ayuda.
  4. El sacrificio total no tiene sentido. Por eso, el cuidador nunca debe olvidarse de sí mismo. Tiene que preocuparse por su alimentación y procurar realizar ejercicio físico.
  5. Tomarse descansos diarios es muy positivo. Por ejemplo, es bueno reservarse una hora diaria para asuntos propios y un descanso semanal fuera del contacto directo con el dependiente. Hacer planes con amigos y familiares debe ser una prioridad.
  6. Debemos aprender a poner límite a las demandas que sean excesivas por parte de la persona a la que se cuida. Hay que saber decir no, sin sentirse culpable por ello. Al igual que es importante manifestar las propias frustraciones, los temores y los resentimientos como vía de escape emocional.

En general, solicitar y pedir ayuda tanto a familiares, como entorno próximo y profesionales de la salud mental, sin menoscabo de recursos sociales que den soluciones a la situación especialmente problemática de la mujer cuidadora, son fundamentales para el correcto cuidado de las personas mayores, y por su puesto, de sus cuidadoras.

Para cualquier duda, consulta o si desea ampliar información sobre los cuidados a personas dependientes, puede ponerse en contacto con el servicio de Neuropsicología de Centro Neurológico Antonio Alayón.

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