El sueño es una función vital que nos permite mantener un buen estado de salud física y mental. Sin embargo, a medida que envejecemos, el sueño puede verse afectado por diversos factores, como los cambios hormonales, las enfermedades crónicas, los medicamentos, el estrés o el ambiente.

Además, las necesidades de sueño cambian en función de la edad. Cuando somos niños, las horas de sueño necesarias son mucho mayores que cuando envejecemos.

Los trastornos del sueño más frecuentes en las personas mayores son los siguientes:

  1. Insomnio: es la dificultad para iniciar o mantener el sueño, o la falta de un sueño reparador. Puede ser transitorio, cuando dura unos días y la causa suele ser una situación de estrés emocional; de corta duración, es frecuente en situaciones de duelo, problemas económicos, etc. Finalmente, el insomnio crónico, si perdura durante meses o años y está causado por otras enfermedades o problemas psiquiátricos, como es el caso de una depresión.
  2. Apnea del sueño: se caracteriza por pausas en la respiración durante el sueño. Ocurre en aproximadamente el 17% de las personas mayores y en una mujer por cada cuatro hombres. Generalmente provoca un mayor número de despertares por la noche, cefaleas y cansancio o somnolencia durante el día. Es un problema que debe ser controlado, ya que aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y neurológicas, como demencia.
  3. Síndrome de las piernas inquietas: el principal síntoma es el de movimientos periódicos e involuntarios de las piernas que suelen aparecer justo antes de dormir, con sensación de incomodidad. También se produce en aproximadamente un 17% de las personas mayores.
  4. Alteraciones del ciclo sueño – vigilia: El envejecimiento y los procesos neurodegenerativos, como las demencias, pueden alterar los ciclos circadianos (ciclos de sueño-vigilia) provocando activación durante la noche, y somnolencia durante el día.

¿Qué podemos hacer?

Estos trastornos del sueño pueden tener consecuencias negativas para la salud y la calidad de vida de las personas mayores, como un mayor riesgo de caídas, accidentes, deterioro cognitivo, depresión, ansiedad, entre otros. Por esto, es importante adoptar una serie de medidas que favorezcan un sueño adecuado y reparador, como por ejemplo:

  • Seguir un horario de sueño regular. Dedicar no más de ocho horas a dormir. La cantidad de sueño recomendada para un adulto sano es de siete horas, como mínimo, pero en una persona mayor esta necesidad de sueño se puede reducir hasta las 6 horas diarias. Es recomendable acostarse y levántate a la misma hora todos los días, incluidos los fines de semana. La constancia refuerza el ciclo de sueño-vigilia del cuerpo.
  • Presta atención a la alimentación. No ir a la cama con hambre ni demasiado lleno, evitando las comidas pesadas o abundantes un par de horas antes de acostarte. También evitar tabaco o café en las horas previas al sueño, dado que son estimulantes.
  • Limitar la siesta. Las siestas largas durante el día pueden interferir con el sueño nocturno. Limitar las siestas a no más de una hora y evita dormir la siesta tarde.
  • Realizar actividad física como parte de la rutina diaria. La actividad física regular puede promover un sueño mejor. Sin embargo, no se debe hacer ejercicio demasiado cerca de la hora de acostarte, ya que puede ser estimulante.

Debemos recordar que el sueño es una necesidad básica, no un lujo, y que dormir bien es una forma de prevenir problemas futuros.

Para cualquier duda, consulta o si desea ampliar información sobre trastornos del sueño en personas mayores, puede ponerse en contacto con el servicio de Neurologia de Centro Neurológico Antonio Alayón (Santa Cruz de Tenerife – Tenerife).

Imagen de portada:  Tatiana Zanon

Trastornos del sueño en personas mayores.

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